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Jennifer Calles- ¿Por qué elegiste la fotografía como principal medio de expresión?
Germán Gómez- Todo empezó porque en la facultad de Bellas Artes tuve de profesora a Cristina García Rodero. Era apasionante oírle hablar sobre lo que la fotografía significaba en su vida. Eso me cautivó absolutamente.
Mi primer proyecto se desarrolló durante nueve años en los que fui haciendo fotos a los chavales de un colegio de educación especial donde yo trabajaba como profesor. Cristina me animaba a que fotografiase lo que formaba parte de mi vida y me importaba.
Si he de elegir dos asignaturas de la facultad serían fotografía y dibujo. Son las que realmente me tocaron. Por eso, lo que hago muy a menudo es unir esos dos lenguajes. La imagen fotográfica me gusta porque es cotidiana, pero también directa e íntima. Y después está la manipulación de la fotografía, donde desarrollo toda esa parte del dibujo mediante la costura, la cicatriz.
- ¿No sería justo entonces definirte simplemente como un fotógrafo?
- Yo entiendo la obra como un proceso plástico. Me da lo mismo tener que romper una foto, meterle una línea o coserle algo. Muchas veces me clasifican como fotógrafo, pero yo no me siento como un fotógrafo ortodoxo. Tampoco es que me sienta nada, intento ser creador plástico y me da igual la técnica.
- ¿Cuándo utilizas el collage por primera vez y con qué propósito?
- En la serie “Compuestos”. Mi abuela era modista, con lo que siempre me crié con ese ruido de la máquina de coser. Un día, en el taller de una amiga mía diseñadora, se me ocurrió probar con su máquina y ver cómo funcionaría el resultado de coser unas fotografías que tenía. La verdad es que el resultado me encantó y ahí empezó todo, en el 2004. Luego he seguido usando esta técnica porque me seduce mucho la intervención directa en la obra. Todo el proceso del collage son trozos de fotos rasgadas, y esa rotura también me interesa. Además, la unión de pedazos está íntimamente relacionada con un tema constante en mi obra como es el de la identidad. Funciona muy bien, es decir, si yo rasgo el fragmento del rostro de una persona y lo uno a otro mediante esa cicatriz que es la costura, creo que funciona conceptualmente.
En seguida me gustó mucho la intervención de la rotura, con el cúter, como si dibujases con el corte, con la fractura. Y con todo el riesgo que eso supone.
El momento de tomar las fotografías es muy seductor y apasionante. Pero luego llega el momento de la creación, de la deconstrucción de la obra. Todo el proceso de postproducción de la obra, cuando ya no hay modelos y estoy yo sólo con la máquina y el papel, también es de una tensión muy motivadora.
- Desde tu serie “Compuestos” (2004) hasta la más actual “Condenados” (2008) pareces hacer tangible, literalmente, la frase del antropólogo francés Marc Augé: “No hay identidad sin la presencia de los otros. No hay identidad sin alteridad”.
- Yo siempre digo que mi obra es autorretrato. Nunca es mi rostro el que sale, pero siempre es el reflejo de mis sentimientos. ¿Qué más da que se parezca o no a mí? Lo que intento es contar mi vida a través de esos rostros, de esas personas que me conocen mucho y que son con las que voy formándome y creciendo.
- ¿Siempre fotografías conocidos, amigos?
- Siempre. En casos concretos, como “Fichados/Tatuados”, hay un total de cincuenta modelos de los que algunos no son tan íntimos como los veinte a los que fotografío siempre y que saben perfectamente de qué va mi obra. Pero siempre son personas que de algún modo me conocen. Me gusta mucho que ninguno sea profesional del tema a la hora de ponerse frente a la cámara. Las primeras veces, la persona tiene cierto miedo que se refleja en su mirada. Algo muy bello y que jamás puede darse en la pose. Pero después, esa ingenuidad, se va transformando en una complicidad conmigo. De alguna manera termino haciéndoles vivir mis propias inquietudes y enfrentarse a mis mismos miedos.
- Comenzaste “Condenados” gracias a la beca de Roma. ¿El hecho de permanecer allí fue lo que hizo que la influencia de Miguel Ángel se haga tan patente en la serie?
- Sí claro. Miguel Ángel siempre me pareció una figura rotunda. Leí su vida, sus poemas, sus cartas, todo lo que tenía relación con él. Y empecé a pensar en “Condenados”. Era absurdo, e imposible, intentar hacer una obra idéntica a la suya, de modo que traspasé el tema de los condenados del Juicio Final a los condenados actuales, las personas rechazadas hoy por cuestiones sociales, sexuales, religiosas, por enfermedad(…)…
- ¿Son tus referencias por tanto más pictóricas que fotográficas?
- Sinceramente sí. En la fotografía hay temas que me resultan muy lejanos y fríos. Sin embargo, en la pintura hay muchas cosas que empatizan conmigo y que llevo interiorizadas incluso desde la infancia.
- Reconoces que toda tu obra es un autorretrato y sin embargo, la discriminación y rechazo de la sociedad hacia aquellas personas diferentes por su físico, pensamiento o condición sexual es un tema latente en tus fotografías. ¿Crees entonces posible el arte que aúne crítica e introspección?
- De hecho son cosas que no puedo separar, porque en mi obra hablo de lo que me duele, me apasiona o me toca de cerca. Si en algún momento te has sentido rechazado o has tenido especial relación con el tema de la educación especial, todo eso termina saliendo. Por ejemplo, si vives en Roma, el tema de la Iglesia no puedes dejar de tocarlo. Así, las obras más importantes que hice allí son “Condenados”, con toda esa influencia que comentábamos de Miguel Ángel y su Juicio Final, y “León XIII”. Hay dos cosas en Roma que son imposibles de ignorar: la Iglesia y el turismo.
- En parte de tu obra el concepto de masculinidad traspasa las normas que la sociedad impone al hombre. Por ejemplo en “Igualito que su madre” (2003) donde los retratados están travestidos.
- Esa serie es muy ambigua. La motivación realmente era la del concepto del maltrato a la mujer. Un hijo, que ve sufrir muchísimo a su madre, decide hacerse pasar por ella para sobrellevar su dolor. Así, en la sesión fotográfica, los chicos venían con una foto de su madre y yo les pintaba y peinaba para que se pareciesen lo más posible a ella. Pero, al no contar esto y llamar a la serie “Igualito que su madre” se genera una ambigüedad sexual. En realidad es un trabajo que no tiene nada que ver con el travestismo en sí, pero me gusta que se cree esa confusión. Me da un poco igual que cada uno lo interprete como quiera. La serie en la que trabajo ahora, “Padres e hijos” no tiene ninguna connotación sexual, pero a lo mejor hay gente que incluso se la ve. Está bien que la obra tenga diversas interpretaciones posibles, cuantas más mejor. Pero la sexualidad que suele achacarse a mi obra, sinceramente, no es intencionada.
- El proceso de idear la obra, ¿te lleva mucho tiempo?
- Lo que más, años. Con “Padres e hijos” llevo escribiendo sobre el tema desde el 2006. Analizando qué sentimientos produce en mí la relación con mi padre y cómo se resolverá luego eso plásticamente. Yo escribo con bastante frecuencia sobre las cosas que me ocurren o me preocupan. Después de darle vueltas y hacer una síntesis de lo más coherente o importante del tema, entonces ya busco una solución plástica. “Fichados/Tatuados” me llevó dos años y “Condenados” otros dos. De hecho, acabo de terminar cuatro piezas de esta última serie que se van a exponer ahora en Bogotá. Como mínimo estoy dos años con cada obra. Y con algunas más, como con “Padres e hijos”.
- Cuando ya has reflexionado el tema y llegas al momento de la práctica, ¿tienes claro lo qué va a salir de allí o la técnica te sorprende?
- Al principio lo medía absolutamente todo. En los primeros “Compuestos” hacía un boceto y cortaba a escala con cuchilla. Pero en el momento en el que empiezo a dibujar más en la obra o a rasgar el papel, desaparece ese control. En el momento de cortar y coser hay un riesgo muy emocionante para mí y que cada vez está menos medido, supongo que porque cada vez me siento más a gusto y seguro con la técnica.
- ¿Qué factores crees que son los que más influyen a la hora de que uno pueda labrarse una buena carrera artística?
- El que más, el trabajo. Ser constante, moverse, pedir becas, presentarse a premios… Solo teniendo obra producida se consigue algo. Yo he trabajado de muchas cosas, como maestro, guía turístico…pero siempre con la finalidad de crear. Supongo que esa obsesión también te hace dejar muchas cosas atrás, pero tienes que arriesgarte y trabajar. Las cosas luego pueden salir bien o mal, pero primero hay que intentarlo para saber que, pase lo que pase, has hecho todo lo posible.
Entrevista por Jennifer Calles.
Cualquiera que en alguna ocasión se haya interesado por la arquitectura moderna conocerá a Richard Rogers, arquitecto entre arquitectos. Sir Richard Rogers, Barón de Riverside, realizó sus primeros estudios de arquitectura en la Architectural Association de Londres y posteriormente se graduó en la Universidad de Yale en el año 1962. Fue precisamente en Yale donde conoció a Norman Foster, con quien se asoció tras su regreso a Londres. Nació así el Team 4 integrado por ambos arquitectos y sus respectivas esposas. Sus diseños basados en la alta tecnología les proporcionaron pronto una tarjeta de presentación inmejorable. 1967 supuso el final para Team 4 y el comienzo de la relación entre Rogers y Renzo Piano, arquitecto con quien construyó el Centro Pompidou de París en 1971. En el año 2007 recibió el Premio Pritzker de Arquitectura. Desde Caixa Forum se ha querido rendir un homenaje en vida a este maestro de la arquitectura de nuestro tiempo que ha generado una corte de discípulos y seguidores en todos los continentes. Esta primera retrospectiva dedicada al arquitecto en nuestro país, plantea su evolución desde su concepción del edificio como espacio social. En Richard Rogers sorprende la inmensa capacidad de innovar en el empleo de nuevos materiales que logran unos edificios flexibles a la vez que eficientes. Tras su paso por Barcelona, llega a Madrid esta exposición que pretende mostrar al visitante un concepto de la arquitectura basado en la integración de espacios y en la integración social. Por estas razones y por la preocupación que siempre ha demostrado este gigante de la arquitectura por la sostenibilidad y la eficiencia energética en la arquitectura, La Caixa convierte por unos días su obra en la protagonista indiscutible, sin duda una joya del urbanismo contemporáneo.
- ¿Cómo te iniciaste en la fotografía?
- Empecé en esto de la fotografía a mediados de los años 70 junto con mi hermano. Me inicié en este mundo de una forma muy amateur. Mi hermano también es fotógrafo, se puede decir que es cosa de familia. De pequeños, mi padre nos compró un curso por correspondencia que hicimos mi hermano y yo juntos.
Luego tuve varios parones hasta el año 1988 aproximadamente, cuando ya empecé más en serio y comencé a hacer exposiciones. En 1982 asistí a una escuela, donde estuve aprendiendo fotografía profesional y actualmente todavía sigo formándome en diversos cursos y talleres. He hecho también prensa, algo de moda, bodegones, portadas de discos, catálogos de viaje, etc…
- He leído que guardas un amor enorme por Ibiza:
- La isla de Ibiza me encanta, allí realizo una gran cantidad de actividades con un buen grupo de personas que se han interesado por mi trabajo. Suelo ir como unas tres veces al año, allí estoy durante un tiempo en el campo. Muchas veces salgo aún de madrugada y busco sitios que me interesan para sacar una buena fotografía. En Ibiza hago un trabajo fotográfico que va más allá de esta disciplina y que yo llamo Arquitectura Rural Ibicenca. Aquí juego con la imagen, con la geometría, con el volumen, las texturas, las sombras y muchos más elementos.
Lo de Ibiza ya es una continuidad. Ahora estoy fotografiando detalles de una arquitectura con un gran trasfondo para mi. Se trata del “Espacio Micus”, su nombre procede de Eduard Micus, un pintor abstracto alemán gran amante de la isla, lamentablemente fallecido en el año 2000. El espacio ha quedado como una fundación gestionada por su hija. La morfología externa de este lugar es muy importante para mí, ya que dependiendo de la hora del día, entra una determinada luz por esas grietas. Luego yo juego con todos los elementos de los que te hablé antes y realizo mi trabajo. A veces un haz de luz se cuela por algunos espacios y se reflejan en un escalón o en una pared. Con esa luz compongo mis fotografías que luego guardan de efectos evocadores en el espectador.
- En la muestra entreFotos celebrada en Madrid has expuesto una serie llamada Tempo:
- Efectivamente, este año llevo a entreFotos un tríptico que he titulado Tempo. Se fundamenta en el tiempo que transcurre desde una imagen a la otra, como un haz de luz que va pasando. Además, también juego con la palabra Tempo por su connotación musical. La luz que incide en parte de una de mis fotografías, se desplaza en la siguiente, estableciendo un Tempo que, como digo, tiene relación con la música. Así se producen diversos efectos de luz, desplazándose estos haces a distintos lugares, a la izquierda, a la derecha, al centro, y aludiéndo también a ese transcurrir del día y de la vida.
Normalmente mis trabajos son proyectos sobre una determinada temática. Es un trabajo muy paciente, de mucha espera entre una toma fotográfica y otra.
En entreFotos hemos expuesto cuarenta artistas. Es un festival que lleva ya diez años. La filosofía de la exposición es que, durante las cuatro jornadas que dura la muestra, el fotógrafo debe estar siempre presente con su obra. De esta forma, cualquier persona que vaya a visitarla tiene al autor delante de él, y cualquier cosa que le sugiera la fotografía la puede compartir con el artista.
- Este año se cumple el 50 aniversario de la muerte de Boris Vian. ¿En eso consiste tu trabajo de Lobo Hombre?
- En entreFotos también he presentado mi particular homenaje a Boris Vian, un escritor nacido en 1920. Este autor escribió un relato llamado Lobo Hombre en el que se basaron por ejemplo los cantantes de La Unión para componer su canción Lobo Hombre en París.
A partir de unas fotos que realicé en 1984, he realizado una adaptación fotográfica de los personajes que aparecen en el cuento, siempre bajo mi interpretación personal. He realizado una caja en la que he introducido mi particular serie de fotografías con un texto introductorio. También tengo pensado vender las cajas en una galería de París. La lectura de este relato y mis visitas y fotografías de París juntas han dado como resultado este maravilloso proyecto del que me siento enormemente orgulloso. Está realizado en papel varitado. Las fotos son de 1984 pero el tiraje es actual. Los personajes del relato los puedes ver en mis fotografías, por ejemplo puedes ver a la chica de la que habla Vian, llamada Lisette Cachou, una mujer diminuta y morenita que se podrá encontrar en el interior de la caja.
Hace unos años realicé otra caja llamada ATLANTIS. El sueño hippie en Ibiza, nombre con el que se conoce a la pequeña cantera próxima a Cala d´Hort y uno de mis rincones favoritos de la isla donde muchos hippies se instalaron a mediados de los años 60. Su contenido comprendía cinco fotografías originales mías, el volumen once del disco de Café del Mar y un texto sobre el lugar escrito por Eduardo Bravo.
- Por último, ¿cómo haces tus fotos, en analógico o digital?
- Mi trabajo lo realizo todo en analógico, sigo con las películas de siempre. En principio seguiré trabajando en analógico, aunque a veces da más problemas, tanto para positivar como para comprar película. Normalmente cuando viajo siempre me compro la película aquí en Madrid y voy con la película.
Entrevista de Luis Cáceres.