miércoles, 8 de abril de 2009

EXPOSICIÓN 2



LA BELLA DURMIENTE


Museo del Prado

La Bella Durmiente, exposición que nos propone el Museo del Prado, alberga pintura de la época victoriana procedente del Museo de Arte de Ponce (Puerto Rico). Todos estos artistas procedían de la "Hermandad Prerrafaelista", una corriente que surgió en 1848 con la intención de reformar la pintura inglesa de ese momento, que se regía por unas líneas muy conservadoras y grises establecidas por la Royal Academy.

En la muestra se exhiben pinturas de artistas como Millais, Burne-Jones o Rossetti, inspirados en las pinturas románticas de Heinrich Fussli y el mundo onírico y simbólico de William Blake, uno de los más reivindicados por estos pintores. Se sentían fascinados además por la pintura “antes de Rafael” como la de Botticelli, Fray Angelico, Piero Della Francesca, o incluso la de Miguel Ángel. Un deseo de inocencia y pureza se palpa las obras, siendo de una depuración exquisita.

Los Hermanos pintaban sobre una tela preparada con blanco puro. De ahí la sorprendente frescura e intensidad de sus colores. Detestaban el claroscuro y se burlaban del principio clásico de graduar la luz desde los bordes del cuadro hasta el centro. "Su luz es la del Sol, que todo lo ilumina", los defendía su paladín, Ruskin. En la mirada prerrafaelista todo está presente con la misma intensidad esteroscópica en todos los planos, lo que deriva en la ausencia de relieve: la visión del pintor y la del espectador comparten una agudeza unánime que viaja sin pausa por el espacio hasta el infinito.

La importancia de la mujer en la pintura prerrafaelista es crucial, pues se convierte en símbolo. En un contexto de pintura de denuncia social, debemos destacar especialmente el papel que juega la mujer en la nueva sociedad. En Francia, la mujer era símbolo de modernidad y se asimilaba a la ciudad, pero se hacía desde un punto de vista positivo. En cambio, cuando, a partir de 1850, la pintura de los prerrafaelitas empieza a tratar estos temas, se hace desde un punto de vista crítico concretamente ejemplificado en la figura de la prostituta. Así pues, hay una focalización de la mujer como sujeto de cambio negativo, ya que la única mujer aceptada entonces era la que estaba subyugada al hombre, el hogar y la familia. Sin en embargo, los prerrafaelitas dan una connotación un poco diferente al tema, introduciendo también una crítica a la moralidad del hombre.

Otra manera en la que aparece la mujer es como mujer hechizadora, no sólo por sus poderes sobrenaturales, sino por su capacidad de atracción sexual. Poder de atracción que reside en su belleza (belleza como trampa mortal). La conjunción de belleza y maldad será característica en este tipo de mujeres, como puede verse en Morgana de E. Burne-Jones.

El gusto por los temas mitológicos ingleses, así como la ensoñación, la evocación, la luz y la belleza simbólica llenan las salas del Prado. En algunas de las obras podemos ver a los personajes tendidos en lechos. Dormidos, muertos o hechizados, confieren armonía a las composiciones. Como sus esplendorosas naturalezas, que nos hacen sentir que estamos en un cuento de hadas donde todo es posible. Además, la técnica de los prerrafaelitas es muy precisa. En los dibujos se aprecia que, aunque fuesen en contra de la Academia, tenían unos conocimientos muy elevados.

El Sol ardiente de junio, de F. Leighton, y El sueño del rey Arturo en Avalón, de E. Burne-Jones, dos de los lienzos más simbólicos de la pintura inglesa del XIX, hasta ahora nunca se habían visto en España, y estarán colgados en el Museo del Prado hasta…. Por su parte, El sueño del rey Arturo en Avalón (1881/1898) es un lienzo inconcluso de más de seis metros de largo y tres de ancho, que representa una extraña mezcla de realismo y retirada hacia el mundo de la fantasía característico del experimento prerrafaelista. Así flores, hierba y frutales responden al mandato de la observación, mientras que la historia y las figuras son el tributo a la imaginación. Pero la joya de la exposición será Sol ardiente de Junio, enmarcada en dorado y que, pese a su retorcida posición y su gran tamaño, no deja de transmitirnos, a través de una bella figura, una sensación placentera de paz, tranquilidad y calma.

Victoria-Ana Elunku Asanqono.

martes, 7 de abril de 2009

LITERATURA: Librería



ENRIQUETA ANTOLÍN
, Regiones devastadas.


Hay tres Toledos, uno dentro de otro, uno cristiano, uno judío y uno árabe; uno de callejas, uno de tejados y otro de criptas; uno de vencedores, uno de vencidos y uno de supervivientes. Regiones devastadas es el segundo título de la trilogía que componen junto a ésta, La gata con alas y La mujer de aire. Es una novela conversada, un monólogo en segunda persona en el que el narrador habla de tú a la protagonista recordándole tiernamente los primeros años de su pubertad.
Estamos a mediados de los años cincuenta y es la realidad macabra de esta época de silencios y secretos el marco en el que se desarrolla el relato. La mirada de la protagonista, guiada por la curiosidad y el atrevimiento de la adolescencia irá desvelando hechos y situaciones terribles que la guerra dejó tras de sí. A la vez descubrirá en sí misma un cuerpo nuevo, los primeros amores, las amistades y las confesiones que van a fraguar al adulto en el que algún día tendrá que convertirse. Pese a lo que pueda parecer Regiones devastadas no es una novela triste, sino el relato de un tránsito de la niñez a la pubertad en medio de la realidad social, psicológica y moral del Toledo de los años 50.



GONZALO TORRENTE BALLESTER,
La saga/fuga de J.B.

Castroforte del Baralla, capital fantasma de una provincia fantasma. Se cree que fue inventada en el siglo XII y suprimida de los mapas en los últimos años del siglo XIX, por orden de las autoridades monárquicas para castigar su intento de constituirse en República independiente. Desde entonces sigue existiendo pero en clandestinidad topográfica. Se ha dado el caso de que al acudir los pertinentes especialistas a resituarla en su antiguo lugar cartográfico, no han encontrado ni rastro de la tal ciudad. Y es que cuando los habitantes de Castro Forte se ensimisman en sus propios asuntos, la localidad en la que viven comienza a elevarse del suelo dejando en el espacio que debiera ocupar, únicamente un gran cráter.
La saga/fuga de J.B., obra surrealista y una de las ficciones más ambiciosas de la literatura española del siglo XX., es la narración de varios destinos que se desarrollan en el tiempo a través de sucesivos personajes y al hilo de la incesante reencarnación de una misma trama: la aparición y posterior huída de la ciudad de Castro Forte, de un hombre extraordinario que responde a las iniciales J.B.. La saga de las fugas de los J.B se prolonga por los siglos hasta la llegada del espurio José Bastida.



BENITO PÉREZ GALDÓS, Misericordia.

Muestra del realismo social de finales del XIX en España, Misericordia es un retablo de la miseria de Madrid en sus infinitas gradaciones a la vez que un retrato del ser humano: capaz de abnegación sin límites y de ingratitud igualmente infinita. A lo largo de la novela Galdós va mostrando, con maestría, la anatomía del Madrid decimonónico como si jugara con nosotros a abrir el “zum” de una cámara fotográfica. De la mano de su protagonista, Benigna, Nina, Benina, nos arrastra por las calles y plazas más emblemáticas de la capital sumergiéndonos en una historia de miseria donde el plano de la realidad cotidiana de sus habitantes se entremezcla con el de sus deseos y sus necesidades. El primero de estos aparece esbozado con la precisión naturalista propia de la época. En el otro, en el de la fantasía, la imaginación de los diferentes personajes traza su propio mundo irreal de sueños e ilusiones. Este último se entremezcla tanto con el primero, que incluso la figura de don Romualdo, creación de la protagonista para justificar sus salidas a pedir limosna, consigue emerger a la realidad dejando tan desconcertada a la pobre Nina como al propio lector.



EMILIA PARDO BAZÁN, Los Pazos de Ulloa.

A través de un testigo, el joven clérigo Julián, Los Pazos de Ulloa ponen al descubierto la fisiología de una sociedad cerrada que vive según pautas ‘naturales’. Ajeno a esta sociedad, ingenuo y sin ideas preconcebidas, el joven sacerdote se adentra en la realidad rural de los Pazos. En la novela, la naturaleza lo invade todo: desde la llegada de Julián al campo, hasta su visita final al cementerio donde las tumbas aparecen devoradas por la exuberante vegetación. La naturaleza es bella y serena cuando predomina la calma pero amenazante y tormentosa cuando es la angustia la que se impone. Los personajes están diseñados por parejas que enfrentan el mundo rural y el urbano, el natural y el ‘civilizado’: don Manuel- Primitivo; Nucha-Sabel; Nené (la niña)-Perucho; y en el medio, don Pedro, el marqués, inclinado hacia un lado unas veces y hacia el contrario otras; señorito en el campo y bárbaro en la ciudad. La oposición entre naturaleza y civilización que recorre toda la obra tendrá por vencedora a la primera, demostrando quizás, que todo aquel que no se adapta, o bien se condena a una existencia marginal, como el señorito de Limioso, o bien es aniquilado, como ocurre con Julián y con Nucha.

Beatriz Talaván Paniagua.

lunes, 6 de abril de 2009

LITERATURA: Relatocromático



Soñando Luces y Sombras




No lo recuerdo exactamente, pero creo que debió ser el día decimoctavo del viaje. Había pasado una noche terrible. El calor, el caos, la lluvia, la humedad… Llegamos a Agra el día anterior, pero el cansancio y, quien sabe, si el destino, habían hecho que desistiéramos de salir de aquel “hotel”.

Como estaba convaleciente, me tocaba guardar cama. La terraza, en la que se encontraba nuestro cuarto, siempre estaba llena de gente, pero era Titlin, el dueño del lugar, el personaje que destacaba sobre todos. Tapada hasta las cejas, intentando ni si quiera pensar, oía como no paraba de incordiar, en ese inglés que ni él mismo entendía. ¿Qué querrá ese hombre?¡Qué paciencia la de Carmen y Sandra! Además de tener que hacer de enfermeras, cada vez que asomaban la cabeza, allí estaba él incordiando. Estoy segura de que en algún momento pensaron que mejor enfrentarse a los monos “roba saleros”, que seguir aguantando al pesado de nuestro anfitrión.

Cuando por fin me quedé sola, abrí las cortinas que había detrás de la cama redonda en la que dormitaba (puede resultar sugerente, pero nada más lejos de la realidad). Casi cegada por la claridad, miré a través de los cristales y allí estaba… Allí estaba desde hacía siglos, pero para mi no eran más de dos días… Dos días en los que esa mole de mármol me había parecido inalcanzable. Supongo que la misma sensación debió tener el emperador Sha Jahan, cuando su hijo le apartó del trono y lo encerró en el Lal Qila (el Fuerte Rojo de Agra): paso a paso seguía la construcción de su obra, de la última promesa a su amada, aunque sólo en la muerte podría llegar a “sentirla” de nuevo…

Cada vez que me despertaba, cuando el sopor de la fiebre me abandonaba un instante, miraba por la ventana… La una, las tres, las seis, las doce… Por la noche, una simple forma recortada en la oscuridad, por el día, una señal resplandeciente a los pies del Yamuna… Entrar en el recinto, pasar la penumbra de la gran puerta y enfilar el pasillo de agua que conducía al mausoleo y finalmente allí... Me reí maliciosamente y el embrujo se rompió por un momento, ¡me pareció pequeño y algo desproporcionado!, pero ese brillo del mármol era hipnotizante. El restallante color blanco, los minaretes, la línea bulbosa de las cúpulas coronadas por el yamur, las filigranas vegetales que adornaban delicadamente cada rincón del edificio, aquel paraíso del que habla el Corán… Y en la espalda del edificio, en el río, surgía su reflejo majestuoso. ¿Es que empezaba a ver doble? ¿Cuál sería el verdadero Taj Mahal? ¿El que podía tocar, por el que podía pasear, o el que se desvanecía dependiendo de la luz? Todo resultaba confuso, pues parecía que el mito de Narciso, había dado un giro nuevo: aquel “ser” pétreo, admiraba su belleza en el espejo que le ofrecía el río, pero cuando un extraño quedaba totalmente prendado, él mismo se encargaba de rechazarlo y ordenar al sol que ocultara su reflejo, pues sólo él mismo podría disfrutar del espectáculo…

Pero una vez más todo imaginando. Allí seguía, sola, abrazada a aquella almohada con forma de caramelo, que momentos después nos “salvaría” de acabar ahogadas por el monzón. Decidí volver a dormirme. Quizá si dejaba de fantasear y descansaba un poco... Puse el despertador prometiéndome a mi misma que, después, todo sería mejor. No sé cuanto tiempo pasó. Sólo recuerdo aquel sonido que me devolvió a la realidad… Ding, dong, ding… Próxima estación: Avenida de América, correspondencia con…

Mª Carmen Flores.

domingo, 5 de abril de 2009

CREACIÓN: Estética



MARQUITIS


Había una vez una ciudad llamada Percepción. Sus habitantes amaban la música, la poesía, la pintura, la literatura. Les gustaba cultivarse. Sus hogares tenían estilos diferentes. En sus balcones colgaban plantas de todo tipo. Los artesanos y artistas de Percepción trabajaban contentos y producían obras asequibles para todos los bolsillos pues su obra, variada y distinta, era solicitada por todos los habitantes que a su vez eran diferentes, así como eran personales y distintos los hogares de la ciudad. Eran felices.

Un día llegó a Percepción una bruja con un cuadro mágico que, según decía, era el mejor. Ni se inmutaron los habitantes, pues tenían sus propias e instruidas ideas. Entonces la bruja, que era lista y poderosa, les hechizó y a partir de ese momento todos los habitantes ansiaron el cuadro. Entonces la bruja regaló el cuadro a un hombre rico de la ciudad. Luego, un segundo hombre, más rico aún, se lo compró al primero, y así, el cuadro fue saltando de rico en rico y de casa en casa. Otros, los que no podían comprarlo, encargaron copias a los artesanos y artistas. Éstos, como reacción, dejaron de crear para responder a la demanda y, de paso, aprovecharon la ocasión y subieron los precios. Los más pobres tuvieron que conformarse con fotocopias y pegatinas del cuadro. Por fin, todas las casas tenían la misma pintura.

El suceso se extendió a otras actividades y, en seguida, todos los edificios tuvieron el mismo balcón y todos los balcones mostraron las mismas plantas. Finalmente cambiaron el nombre de la ciudad y la llamaron: Marca. Eran felices.

Llegó después a Marca un forastero buscando la ciudad Percepción. Intrigado frente al letrero preguntó a sus habitantes - ¿Qué significa Marca? - a lo que le respondieron - “Una señal que distingue”- . Pero el forastero veía iguales los balcones e idéntica pintura tras las ventanas, y por eso inquirió - ¿Qué hay aquí que sea distinto? -. Los habitantes confusos no supieron responder así que fueron a consultar a la bruja y al poco regresaron con la respuesta - “Somos distintos y nos distinguimos porque tenemos el mejor cuadro, el mejor balcón y el mejor gusto”.

El forastero, atónito, interesado y curioso, insistió - ¿Cómo sabéis que poseéis lo mejor?-. Esperaba múltiples argumentos, teorías, razones o sentimientos que le revelaran el misterio. Pero nada de eso ocurría, hasta que finalmente la bruja se presentó y dijo - “Porque yo lo digo”-.

 ¿Y tú quien eres? - Preguntó el forastero.
 Doña Hegemónica Estética, Sra. de Masas. Asesoro y guío el gusto ciudadano. ¿En qué puedo ayudarte?
 Me preguntaba qué cosa mágica ha logrado que toda una ciudad tenga el mismo gusto.
 No es nada raro. Son personas refinadas que han descubierto lo mejor.
 Ya.
 Puedes ser también un ciudadano de Marca.
 No gracias, Doña “Homogénea”. Marca parece una ciudad de clones.
 Clones que se distinguen por el mejor de los gustos.
 Gustos que se distinguen por ausencia de personalidad.
 Personalidad snob y excéntrica es lo que tú pareces tener.
 Tengo la opinión de que la distinción no puede ser la clonación, sino que es personal.
 Personalmente te invito a que te vayas.
 ¡Váya!.

El forastero tuvo que marcharse de aquel lugar. En su retirada y para fastidiar a la hechicera y a los clones no dejó de gritar: ¡Marca es impersonaaaaaaalll!

Pilo G-B.

sábado, 4 de abril de 2009

CREACIÓN: Ensayo



CHICAGO:


El Ave Fenix de la Arquitectura Moderna


Un acontecimiento fortuito, un fuego propagado en una ciudad con pocos medios para extinguirlo, es el desencadenante del surgimiento y desarrollo de la arquitectura moderna tal y como hoy la conocemos.

Eran las nueve de la noche del 8 de Octubre de 1871 cuando daba comienzo uno de los episodios más tristes de la historia de Chicago, que cambiaría drásticamente el devenir de la ciudad.

En un establo de las afueras, tal y como cuenta la leyenda surgida de toda tragedia, una lámpara de queroseno cae al suelo y prende la estructura de madera. A finales del siglo XIX Chicago es todavía una ciudad de madera. El incendio se propaga con furia, devorando todo lo que encuentra a su paso merced al hacinamiento y pobre calidad de las construcciones, a pesar de la existencia de las llamadas “bolsas de riqueza”.

Al cabo de dos días, la ciudad está envuelta en una espesa nube de cenizas y polvo que avanza sin muchas dificultades superando incluso el cauce del río Chicago. Cuando, al fin, llega la lluvia para sofocar las últimas llamas, es ya demasiado tarde, todo ha quedado destruido.

Una de las representaciones más gráficas de lo que allí sucedió, es curiosamente un dibujo-y no una fotografía- de John R. Chapin artista e ilustrador que trabaja entonces para el Daily Harper, en la que representa a la ciudad envuelta en llamas mientras los habitantes de Chicago, presos del pánico- cruzan el río buscando un lugar seguro.

Paradójicamente, este incendio fue algo necesario para que la ciudad, resurgida de sus cenizas, se convirtiese en la cuna de los rascacielos, este fue el germen de la arquitectura moderna.

Dicen que durante unas horas todo quedó sumido en un absoluto silencio, solo roto por las voces de aquellos más valientes que determinaron: “Chicago must and shall be rebuilt at once”- William Bross, Chicago Tribune- es decir, “Chicago debe y tiene que ser reconstruida”.
Esta es, sin duda, la declaración de intenciones que se convierte en el punto de inflexión a partir del cuál se inicia el nacimiento de una nueva tipología de edificios, antecedente de los sobradamente conocidos ‘skycrapers’ que hoy caracterizan el ‘skyline’ de las ciudades de todo el mundo.

Desde ese día de octubre, Chicago ya no fue la misma, el incendio no solo arrasó las casas, también se llevó consigo las trasnochadas formas de vida, dejando paso a una nueva mentalidad en la que no tenían cabida sino el poderío del dinero, la especulación del suelo y en definitiva la magnificencia de una ciudad renacida.

Cada construcción se convierte en un símbolo del triunfo de lo funcional, lejos del sentimentalismo arquitectónico imperante en Europa, al que creían haberse impuesto. Se presentan así al mundo como la punta de lanza de la modernidad y, por supuesto lo eran.

Es en estos años cuando empiezan a ponerse en práctica algunos avances tecnológicos de enorme relevancia como las estructuras anti-incendios y las auto-sustentantes así como el ascensor, los edificios en altura aparecen ahora como construcciones cada vez más rentables y Chicago crece en vertical.

Como era de esperar, la ciudad buscaría desde entonces y de forma incesante un discurso de identidad que se adaptase a la nueva imagen de la ciudad. De los modelos arquitectónicos que entonces se proyectaron en Chicago, beberían las generaciones futuras y, como si de un incendio inextinguible se tratase, la arquitectura moderna arrasaría de forma paulatina pero incontenible la arquitectura tradicional de todos los pueblos.

Rita Sánchez Aragó.

viernes, 3 de abril de 2009

ENTREVISTA

AXELLE FOSSIER




La fotógrafa Axelle Fossier nos descubre la visión analítica de un mundo urbano en su nueva exposición R.A.D.I.O. La galería ArteVeintiuno, con la comisaria de la muestra, Maria Molina, nos transporta a un universo cargado de maravilloso lirismo representado en la ciudad de Nueva York.


-Luis Cáceres: ¿Qué fue lo que te llevó a practicar este arte?
-Axelle Fossier:
Mi interés por la fotografía comenzó desde muy pequeña. Recuerdo a mi padre que positivaba todos los fines de semana en casa. Durante esos ratos me colaba en el laboratorio con él y vivía momentos maravillosos. Veía aparecer las imágenes poco a poco y eso me fascinaba. Luego empecé a hacer fotografías desde los 17 años como una afición pero sin la idea de desarrollar algo específico. Además empecé a estudiar cine, este arte fue el que me llevó a dar el paso para tomar realmente en serio la fotografía. Estudiaba el cine de una manera teórica, orientándolo hacia el análisis de la imagen, de cómo se construye una imagen cinematográfica y sus códigos. Toda esta parte de significación de la puesta en escena me llamaba mucho la atención y es lo que me ha llevado a construir mis propias imágenes.

Me podrías explicar a qué atiende el nombre de R.A.D.I.O. de tu exposición:
El nombre de R.A.D.I.O. me surgió cuando acabé la serie, en el momento en que empecé a mirar todos los cuadritos de mis fotos. Estos me recordaban un poco a las radiografías médicas y esto correspondía a mi intención que era mirar de una forma analítica todos los detalles de la ciudad.

Veo tus mosaicos como ventanas que nos dejan entrever algo de tus emociones o tus experiencias ¿Podrían ser ventanas a tu alma y por tanto ser autorretratos?

Se podría ver así. Esta serie está dedicada a Nueva York, una ciudad que ha supuesto para mí una gran revelación. Yo estudiaba cine cuando me fui a esta urbe, para mi esta experiencia supuso un impacto muy importante. Tenía la necesidad vital de coger mi cámara y hacer fotos. Nueva York es igual de complicada que un ser humano. En mis fotos los cuadritos son ventanas sobre la ciudad, cada cuadrito te da una visión de ésta dentro de la foto. Después todos estos cuadritos juntos forman otra imagen. Por eso se podría decir que son ventanas hacia mi alma. Es a lo que me refiero en el final de mi texto sobre R.A.D.I.O. donde digo que entreví el alma de la ciudad y también la mía.

María Molina nos contesta a esta pregunta: ¿Crees qué el arte contemporáneo es cada vez más fotográfico?
En palabras de la Historiadora del Arte y comisaria de la exposición, María Molina, “la fotografía es una disciplina muy joven en comparación con la pintura. Creo que tiene mucho que decir, de hecho cada vez tiene más hueco no sólo en las ferias, galerías, exposiciones, instituciones y grandes museos sino también en las colecciones particulares. Cada vez se busca más una fotografía que sea una edición única o muy contada. El coleccionista que va entendiendo de fotografía, que va profundizando y se va documentando sobre este arte es muy exigente, quiere una buena calidad a la hora del revelado, del enmarcado, de la presentación o de la conservación de la fotografía. Creo que es una disciplina que esta dando artistas magníficos, a los que hay que seguir apoyando, como por ejemplo Axelle. Una de las líneas de mi galería es el apoyo a artistas emergentes. Tenemos un compromiso muy claro con ellos. De esta forma la fotografía esta ganando en calidad, y cada vez la producción es más impecable”.

¿Por qué te atraen los fondos negros para tus fotografías?
Los uso porque me fascina el negro, me absorbe totalmente. También me permite destacar una sóla parte de la imagen que me llama la atención. Lo que me interesa es sacar la esencia de la ciudad, su alma y por eso elimino todo todo lo superfluo, el exceso de información de la foto que hace que nos perdamos.
¿Existe algún componente crítico al mundo de las ciudades y del progreso en tu obra?
Mi trabajo está alejado de cualquier referente crítico a la sociedad, no me interesa hacer una reflexión sobre el mundo en que vivimos. Simplemente deseo quedarme con la idea de que el arte es un medio para expresar sentimientos que tenemos dentro, bloqueados o dormidos y formalizarlos en imágenes. No busco crear una polémica y además no me siento capaz de hacerlo.

Y la pintura, ¿Es un punto de referencia en tu obra? ¿Cuáles son esos artistas qué te influyen?
La pintura ha sido el primer contacto que he tenido con el arte ya que de pequeña mis padres me llevaban a visitar los museos. Con estas edades no te fijas en muchas cosas pero por lo menos estás rodeada de pintura o de escultura. Recuerdo un cuadro de Monet llamado Las mujeres en el jardín. En esta obra aparecía una luz que atravesaba el vestido de una de las tres mujeres. Nunca he podido olvidar este destello extraordinario. Me sobrecogían todos los impresionistas, también Bonnard, Spillaert, Kandinsky, Magritte, Poussin, La Tour, Rembrandt o Goya. Estos no sólo pintaban lo que tenían ante sus ojos sino también lo que residía en su imaginación, y esto es algo que me fascina.

¿Encasillarías las fotografías de R.A.D.I.O. en algún apartado temático?
Cuando explico mi trabajo digo en primer lugar que es una fotografía artística y luego, de paisajes urbanos, una interpretación artística de paisajes urbanos. No veo ningún problema en clasificar la fotografía temáticamente, no creo que esto desprecie el trabajo.

Has expuesto en países tan importantes como China, ¿Me podrías contar un poquito más sobre esta experiencia?
La exposición fue organizada por la embajada de Francia en China. En mi país, habíamos finalizado un año de intercambio entre artistas chinos y artistas franceses. Después, al haber tenido tanto éxito el año de China en Francia, la embajada creó un festival llamado La primavera francesa en la ciudad de Wuhan, donde estaba el consulado francés. Yo presenté allí dos series, una con mi visión del país asiático y otra sobre París. Fue muy interesante ver la reacción de los chinos delante de mis fotos. Uno de ellos, al ver mi obra que era muy depurada y minimalista, me dijo que había interpretado muy bien el pudor y la dificultad de esta cultura para expresar sus emociones.

Entrevista de Luis Cáceres.


Galería ArteVeintiuno. Plaza de las Salesas, 11 - 1º Derecha
Tlf: 91 702 38 19




jueves, 2 de abril de 2009